Se sentó y cruzó las piernas como lo hacia siempre frente a ella, desde hace ya 3 años. Miró fijamente buscando sus ojos, pero al no encontrarlos decidió imaginarlos, eran alegres brillantes.
Se habían conocido hace mucho tiempo, recordaba como temblaba su voz la primera vez que le hablo.
Ahora temblaba todo su cuerpo, sobre todo su corazón.
Cerró los ojos un instante y tomó aire.
- Todavía espera que vuelvas. Dijo casi suspirando.
Juntó un poco de fuerza para continuar.
- Es chica…solo tiene 5 años y te conoció solo 2. El psicólogo dice que no asume que te hallas ido.
Volvió a imaginarse esos ojos, ahora estaban tristes, sintió un leve escalofrió que le recorrió la sien. Odiaba esa mirada, sentía que cada vez que ella lo veía así un cuchillo se le clavaba en el cuerpo.
-Creo…
Guardó silencio. Quiso entretenerse mirando una pajarito que pasaba a escasos metros de ahí, pero las palabras urgen ser dichas y el no era lo suficientemente fuerte para contenerse.
- Creo…que ninguno de los dos asume que te hallas ido.
Lloró amargamente, Nunca había llorado frente a ella pero ya no le importaba.
Ella iba a comprender, al fin y al cabo el estaba así por su culpa.
Un silencio abordó todo el sitio, solo interrumpido por los sollozos de él. Supuso que ella no decía nada porque esperaba que el se calmara.
- Siempre respeto ms tiempos. Pensó
Pasaron una hora en silencio, él lloraba y ella callaba.
Por fin juntó coraje y dijo:
- Tiene tus mismos ojos, exactamente los mismos…¿Como hago para mirarla y no pensar en vos? Gritó desesperado.
Cayo. Y susurro:
- Te fuiste y me dejaste esos ojos para que toda mi vida me acuerde de vos, de lo hermoso que fue todo. Pero ahora no es todo hermoso. ¿Como hacemos para vivir nosotros dos ahora sin vos?.
Levantó la cabeza buscando en el cielo consuelo, pensó en todas las personas que en ese mismo momento sufrían tanto como él.
Quizás todos buscaban consuelo en las nubes y por eso el no podía encontrarlo.
Ya era tarde, el sol regalaba sus últimos rayos de luz, en su corazón sucedía algo parecido.
- Te dejó una carta, me pidió que no la leyera… Dijo mientras se ponía de pie.
La dejó donde antes ya había dejado otras. Nunca supo porque desaparecían. Quiso creer que el viento las llevaba hacia donde ella se encontraba.
Se puso de pie, quiso articular alguna forma de despido pero guardo silencio. Dio media vuelta y se fue dejando atrás la tumba de su mujer.