domingo, 7 de febrero de 2010

Su foto

Se despertó como siempre un rato antes que su mujer, se sentó sobre el respaldo de la cama. Los rayos del sol se infiltraban sobre las rendijas de la persiana lo que le daba a la habitación una luz tenue de esas que dejan muchos rincones oscuros. Así se sentía su alma.

Sin hacer ruido tomó el porta retratos en el que se encontraba su familia y sacó la foto, dejando a la luz una foto mucho mas antigua. Una en la que se encontraba él dándole un beso en la mejilla a ella. Se veían tan jóvenes, tan inocentes pero sobre todo se veían felices. Las arrugas que ahora remarcaban su rostro y sus manos no se encontraban reflejadas en esa foto.

Volvió a mirar a su mujer, no tenia ni su pelo, ni sus ojos, ni su forma de entender al mundo. Pensó que debería estar teniendo un buen sueño por la sonrisa que reflejaba su boca. Se había prometido hacerla feliz a pesar de tener él su corazón roto. Creía que en cierta forma también eso era amor.

Volvió a ver la foto, era una foto casual, los dos venían de una feria en la plaza del pueblo y un fotógrafo les ofreció sus servicios.
Enfocó su mirada en la sonrisa de ella, no podía creer todavía que de la misma boca donde salía esa sonrisa al otro día saldría una espada que lo marcaria para siempre.

Cerró los ojos un instante, –Decir adiós a veces suele doler un poco. Se dijo a si mismo, esa frase se la había dicho ella 60 años atrás.

-Decir adiós suele doler un poco. Se volvió a repetir. –Debe ser por eso que todavía no me anime a decírtelo. Y volviendo a enfocar su mirada en los ojos inertes de ella, la escondió debajo de la foto de su familia.

martes, 2 de febrero de 2010

Capitulo I – Fuegos Artificiales

Despertó sobresaltado, maldijo el año nuevo y los fuegos artificiales.
- Hace un año te hubieran gustado – Pensó, Hace un año estaba ella se respondió así mismo.

Su hijo y su hija le habían pedido que festejara con ellos la fiesta, pero el no quiso. Les mintió diciendo que no la iba a pasar solo.

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Caminó el pequeño espacio que separaba su cuarto de la cocina, miró por la ventana del departamento que daba a la calle. Podía ver a sus vecinos sonreír, a los niños jugar pero sobre todo quedo sorprendido por la facilidad con la que todos reían. Algo que hace un año que no hacia.

Buscó el vaso en la repisa y lo cargó con agua de la heladera. Se sentó en la mesa y miró el retrato de su difunta mujer. Pareció que todos los sonidos se hubieran apagado, que las luces que hacían brillar el cielo hubieran dejado sus preciosos efectos para otro  momento. Eran ellos dos como hace un año, antes del accidente.

-Si lo hubiera pensado…se dijo. Nunca me dijiste que estabas mal del 062809200429corazón..¿o me dijiste y yo no te escuche?..Una lagrima comenzó a salir por su ojo derecho, giró fuertemente la cabeza y los sonidos junto con las luces volvieron a recobrar la vitalidad que por unos infinitos momentos habían perdido.

062809200452Volvió a caminar hacia su cuarto, se recostó y tanteando abrió el cajón de su mesita de luz en busca de una pastilla para dormir. Sintió el frio de su revolver reglamentario dentro del cajón, toda su infancia hasta que se había metido en la fuerza policial había utilizado armas en el campo, pero una vez policía tenía le orgullo de nunca haberla utilizado.

-Pobre del que algún día tenga que ponerse frente a ella – Pensaba.

Tomó una pastilla y se dispuso a dormir, soñó con sus hijos, Enrique y  Emilia.

El sueño de desvaneció cuando la puerta de su departamento pareció desplomarse. Al principio no entendió lo que sucedía por el efecto de la pastilla pero al instante recobró la conciencia. Volvió a maldecir pensando en que era algún Borracho que se habría perdido o equivocado de departamento. Pero los gritos que procedieron a ese pensamiento lo sacaron de la duda.

-¡Sr. Perez por favor abra, soy su vecina! se escuchaba detrás de la puerta.

Se levantó, tomó su bata y salió a abrir la puerta, efectivamente era su vecina, una muchacha que le resultaba muy simpática en especial por el parecido que había en sus ojos con los de su hija.

No alcanzó a pronunciar palabra cuando su vecina entró, cerró la puerta y desplomándose sobre la mesa suspiro.

-Voy a morir. Y comenzó a llorar.