Despertó sobresaltado, maldijo el año nuevo y los fuegos artificiales.
- Hace un año te hubieran gustado – Pensó, Hace un año estaba ella se respondió así mismo.
Su hijo y su hija le habían pedido que festejara con ellos la fiesta, pero el no quiso. Les mintió diciendo que no la iba a pasar solo.
Caminó el pequeño espacio que separaba su cuarto de la cocina, miró por la ventana del departamento que daba a la calle. Podía ver a sus vecinos sonreír, a los niños jugar pero sobre todo quedo sorprendido por la facilidad con la que todos reían. Algo que hace un año que no hacia.
Buscó el vaso en la repisa y lo cargó con agua de la heladera. Se sentó en la mesa y miró el retrato de su difunta mujer. Pareció que todos los sonidos se hubieran apagado, que las luces que hacían brillar el cielo hubieran dejado sus preciosos efectos para otro momento. Eran ellos dos como hace un año, antes del accidente.
-Si lo hubiera pensado…se dijo. Nunca me dijiste que estabas mal del corazón..¿o me dijiste y yo no te escuche?..Una lagrima comenzó a salir por su ojo derecho, giró fuertemente la cabeza y los sonidos junto con las luces volvieron a recobrar la vitalidad que por unos infinitos momentos habían perdido.
Volvió a caminar hacia su cuarto, se recostó y tanteando abrió el cajón de su mesita de luz en busca de una pastilla para dormir. Sintió el frio de su revolver reglamentario dentro del cajón, toda su infancia hasta que se había metido en la fuerza policial había utilizado armas en el campo, pero una vez policía tenía le orgullo de nunca haberla utilizado.
-Pobre del que algún día tenga que ponerse frente a ella – Pensaba.
Tomó una pastilla y se dispuso a dormir, soñó con sus hijos, Enrique y Emilia.
El sueño de desvaneció cuando la puerta de su departamento pareció desplomarse. Al principio no entendió lo que sucedía por el efecto de la pastilla pero al instante recobró la conciencia. Volvió a maldecir pensando en que era algún Borracho que se habría perdido o equivocado de departamento. Pero los gritos que procedieron a ese pensamiento lo sacaron de la duda.
-¡Sr. Perez por favor abra, soy su vecina! se escuchaba detrás de la puerta.
Se levantó, tomó su bata y salió a abrir la puerta, efectivamente era su vecina, una muchacha que le resultaba muy simpática en especial por el parecido que había en sus ojos con los de su hija.
No alcanzó a pronunciar palabra cuando su vecina entró, cerró la puerta y desplomándose sobre la mesa suspiro.
-Voy a morir. Y comenzó a llorar.
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